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Mostrando las entradas etiquetadas como Bares de Guardia

Gran iniciativa, con fallos

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Por fin. Por fin en Toledo suena música rock. El Explorer Club y los míticos May están organizando una serie de conciertos durante todos los jueves hasta final de año. Sin duda, es una iniciativa a alabar. En el día de presentación, hubo un magnífico concierto acústico de los mismos May, además de barra libre de cerveza, de Estrella y Pilsen Urquell, para ser exactos. Fue una fiesta en todos los sentidos, con un pequeño fallo final. Y es que con el bar lleno de rockers, es un completo error comenzar a poner música disco. Un error, que no es la primera vez que pasa. No sé si será fallo de los hosteleros o de unos pinchas más preocupados de defender su música que de hacer negocio. Pero recuerdo también un concierto de hevy en el Gallo, a cuyo término se echó vilmente a todo el público con el bacalao más radical. En fin, un fallo que en el Explorer están a tiempo de paliar, para conseguir que a partir de ahora, las fiestas sean perfectas. Mañana, repiten los May, y parece que con ...

Hostelería toledana

Tengo ante todo que romper una lanza ante los nuevos hosteleros toledanos. Vamos, que la hostelería toledana, creo, está cambiando, y más que debe cambiar en las próximas elecciones. Está llegando gente nueva, con nuevas ideas, con ganas de hacer cosas por sus negocios y por su ciudad. A riesgo de que los gerifaltes vuelvan a amenazarme con pegarme, diré que ese es el futuro de los hosteleros en la ciudad. El futuro es de los que no dicen aquello de que 'una fuente en la puerta te quita negocio', porque saben que una fuente, y dos o tres locales más lo que hacen es atraer clientes. En fin, lo que digo, nuevas mentalidades. Dicho esto, también cuento que me ha vuelto a pasar. Quizás la culpa sea mía, por seguir probando nuevos locales... El hecho es que este mediodía, doce de la mañana con puntualidad insultante, un compañero de trabajo y yo hemos entrado en un bar que nunca había visitado y al que  nunca voy a volver. Está, para más señas, en Venancio González. Detrás del mostr...

Soy fan del Valle

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Durante las úlimas semanas, estoy subiendo habitualmente al Valle a dar una vuelta al anochecer. Por lo general, doy un paseo, e incluso ceno algo, acompañado a veces por buena cerveza y siempre por buena compañía. A es hora ya hace fresco, se puede andar sin sudar demasiado, y las vistas son inmejorables. La mayoría de las veces, de una forma o de otra, me encuentro allí a una amiga haciendo lo propio. Es una verdadera fan del Valle, que ha creado un grupo en el facebook. Aquí está, estáis invitados: http://www.facebook.com/home.php#/group.php?gid=118994428967

Casa Antonio

Era martes, a las once de la noche y hacía frío. Habíamos quedado en San Justo y hasta el Enebro estaba cerrando. Entonces por mi mente atravesó uno de esos extraños flases que vienen una vez al año: tuve una idea. Evidentemente, no queríamos ir a casa. Y en nuestra búsqueda de bar, me acordé de que en la vecina plaza de la Bellota había un pequeño local muy agradable, del que te dejan sacar los botellines en verano. ¡Por probar! Pues sí, Casa Antonio estaba abierta, y no tenía pinta de que fueran a cerrar. Nos trataron bien (los camareros no tienen que ser de aquí). Con el botellín de Mahou nos pusieron tapa. Y la gran sorpresa vino a la hora de pagar: un euro por cerveza. ¡Sí, todavía hay lugares en los que te ponen botellines y te cobran un euro! Creo que por fin he encontrado un bar de guardia, o más bien de urgencia, para esas noches de invierno en las que todo cierra en Toledo.

El Karpa, o Bar Centro

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Hace unos años, justo antes de que cerraran el Miradero, nos encontramos en una entrada uno de los metros del Karpa. ¡Era nuestro metro! ¡Aquel en el que con tanto esfuerzo Carlos había grabado la palabra Desaboríos! Creo que el Karpa fue el primer bar donde me tomé un botellín. En realidad se llamaba Bar Centro, pero todo el mundo le conocía como el Karpa. Estaba situado en los Montalvanes, y la pequeña placita, escondida en una esquina de Sillerías, se llenaba cada fin de semana. El bar tenía una gran tele para ver el fútbol, futbolín, cerveza San Miguel, y los mencionados metros. A ver, me explico, los metros eran unos recipientes alargados de madera, donde cabían 17 botellines. También se vendía las cervezas por cajas. Eso sí, siempre que estuvieras tranquilamente sentado en la terraza, tenías que tener mucho cuidado y no soltar el botellín, porque cuando te quedaba ese culito que tanto le gusta a Luismi, venía el recoge botellas y se los llevaba sin preguntar.Finalmente, el Karpa...

La Cervecería (peña atlética del Polígono)

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Los viernes por la noche, hay oreja, siempre regada con jarras de medio litro de cerveza. Quedamos en La Cervecería, el bar de Santi, que es una peña atlética, para su llanto y desgracia. Mientras prepara el manjar, las chicas a veces van por golosinas y a hablar de la COPE con el chuchero. Alguna pide a Esteban, camarero uruguayo, un sandwitch cubano, con huevo. Nosotros saludamos a viejos amigos, muy estropeados todos, y encontra mos algún parecido razonable. Cuando al ratito de espera llega la rica ternilla grasienta, siempre ocurre algo bueno, marca España o algo parecido. Justo inicia el ritual sazonando todo con abundante limón; Alberto da a cada uno su tenedor; y Luismi reparte el pan. Cada día somos más, que diría la canción, en la sibarítica degustación. Después frecuentemente viene un venao, igual chopitos, o una tabla de patatas con salchichas. Y si todavía hay ganas, nos trasladamos al Barleys... e incluso al Jaca.

El Gato

Otro Bar de Guardia, para sacar una lágrima a los nostálgicos. El artículo lo tengo publicado tanto en la página del grupo, como en el foro. Las luces se apagaban al son de las campanadas negras del infierno. AC/DC rendían tributo a través de sus altavoces al alma de Bon Scott. Mientras, algunos Desaboríos se pillaban su primera borrachera. Fue aquel día en el que España perdió contra Italia en el mundial de EE.UU. Desde entonces, El Callejón del Gato ha sido un bar de referencia. Nunca ha sido más que eso, un callejón, un estrecho pasillo con futbolín al fondo y mesas en la calle (en la de verdad). Muchos cambios, muchos camareros, como Antonio, que nos ponía a los Celtas y los mencionados AC/DC, pero lo cierto es que siempre nos ha gustado acudir allí de vez en cuando, sin necesidad de que sea muy regularmente, porque a mucha gente no le gusta, pero nosotros nos encontramos a gusto con la compañía que sea y en el ambiente de turno que quieran montar allí.

El Aljibe

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En serio, que sí, que estoy preparando cosillas... Pero es que no he tenido tiempo estos días. A ver si a partir del lunes me pongo con esto y con más cosas. De momento, para que no os aburráis, recupero y mejoro aquí algunos textos publicados en la página web de los colegas. Allí tuvimos la idea de hablar de nuestros bares favoritos. Lamentablemente, la mayoría ha ido desapareciendo... Comenzamos con El Aljibe. Antigua foto con Casto en el Aljibe. No faltó ni Clean Eastwood El Casto es un camarero cuarentón, inteligente, dicharachero y agradable, que comparte en todo nuestros gustos. Ahora que el bar está cerrado, el día en el que cumplamos la promesa que hemos hecho a Alicia, su mujer, y empecemos a llamarlo los sábados por la noche, será uno más del grupo. Le gusta Toledo, cotillear, investigar y descubrir cosas de la ciudad que nadie conoce. También es heavy y amigo de sus amigos. El Aljibe era un bar viejo, un tanto decadente y lleno de humedades. Mis padres decían que ya en ...

Jacaranda XXX aniversario

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-Ramón, dos con Cola-Cola y uno con limón. Naturalmente, son tres de Matusalem, sabroso elixir de diez años que nos sedujo a todos hasta dejarnos prendados del ron. Siempre amable, Ramón nos invita a sentarnos y sirve la copa con generosidad. Es la una de la noche, punto de inflexión, a partir del que el Jacaranda poco a poco se vuelve todavía más íntimo. Aún así, nos cuesta ir buscando sillas para los que tienen que llegar. El siguiente es Óscar Luis. Casi una vez al trimestre le convencemos para que deje a mujer y prole en casa, y llega desbocado. Cuando abre el portón rojo de madera, decenas de ojos intentan reconocerlo por un instante. No interrumpe las animadas conversaciones que sin dificultad se superponen sobre el volumen agradable de la música. Con paso decidido, Óscar atraviesa una ligera nube de humo, esquiva a algún cliente habitual y le da tiempo a reclamar a Ramón la cuarta copa golpeando con su puño la vieja barra. A su lado, una periodista les cuenta a sus amig...