No he visto todavía en el cine la nueva versión de la película ‘Ultimátum a la Tierra’. Pero el otro día cené con el clásico en la tele, y he de decir que me encantó. Hay una cosa que me llamó la atención en la película: el contraste entre la aparente ‘normalidad’ de extraterrestre, Klaatu, y la maldad de esos humanos que viven en Whasintong, que sin duda se merecen morir en su gran mayoría. El argumento es algo simplón. En realidad, se parece mucho a Mars Attacks. Primero suena una música histriónica que te acojona, y después conocemos la noticia: “han llegado”. Pero al bajar de su platillo, Klaatu no viene a destruirnos, sólo a avisarnos de que lo hará, si no cesamos de utilizar la energía nuclear con fines bélicos. La película, de 1951, no sigue los patrones clásicos del cine de ficción de la época. Vale que nuestro visitante rinde homenaje a Lincoll, o a los muertos americanos en guerra. Pero no es una película en la que se note el miedo a una invasión (soviética o extraterrestre)...